Cesárea por sorpresa – Parte II

Cesárea por sorpresa Parte II
Como os comentaba en la primera parte de mi cesárea por sorpresa, fui a monitores y revisión el jueves, 3 de noviembre, ya salida de cuentas y mi ginecólogo, al sospechar de una posible rotura de bolsa, me mandó ingresar para inducción. Le dije que mejor me iba a casa y ya volvía mañana, que el día 3 era muy feo y no quería que mi hijo naciera ese día… ¡qué pava! ¡Os cuento la segunda parte de mi cesárea por sorpresa!

Cuando me recompuse del susto y nos explicó los pasos que teníamos que dar a continuación, me puse aún más nerviosa. ¿Cómo que nos separábamos? ¿Cómo que me quedaba sola? Resulta que mi pareja tenía que ir a hacer el papeleo para el ingreso y a mi me bajaban a la sala de paritorio. Una enfermera muy maja me acompañó y la pobre tuvo que aguantarme con todas las preguntas que le hice y los nervios que llevaba. Para colmo, allí abajo, en las mazmorras, ¡no había cobertura! No podía saber dónde estaba mi chico, cuánto le quedaba para llegar, no podía avisar a mi madre (que vive a 700km, pero quería hablar con ella), ¡nada! Estaba incomunicada, sola ante “el peligro”. No paraba de mirar la puerta por si veía pasar a mi pareja, necesitaba estar a su lado, me tranquiliza y, además, no quería que se perdiera nada, era nuestro momento, nuestro pequeño venía al mundo.

Por suerte, estaban limpiando la sala que había quedado libre, que por lo que tardaban parecía que había habido una matanza allí dentro. Pero ya me fue bien, así conseguí que mi pareja llegara a tiempo. Tenía que hacer el papeleo, bajar al coche a por la bolsa del nene (¡mi maleta estaba en casa!), ir a la habitación que nos habían asignado, ponerse el pijama ese que les dan a los acompañantes, volverse a poner el pijama porque el primero lo rompió de los nervios… Durante el proceso, llamó a mi madre y avisó en los grupos de WhatsApp que había que avisar, ¡estamos de parto! Eran las 17:30 del jueves, 3 de noviembre de 2016.

Entramos a paritorio

Nada más entrar, vimos una cara conocida, algo que te reconforta en esos momentos de nervios. Resulta que la matrona que nos iba a atender, Marifé, nos había dado la teoría en las clases de preparación al parto. Le explicamos lo que había pasado y nos pusimos al lío. Me pusieron monitores para ver cómo estaba la cosa, me volvió a mirar la dilatación… y me terminó de romper la bolsa. Me puso la vía para la oxitocina y las contracciones comenzaron a volverse locas.

Dilaté hasta 4 centímetros y enseguida me pusieron la epidural. De lo nerviosa que estaba, no recuerdo ni haber firmado los papeles, pero lo hice. Mi ginecólogo acabó las visitas y vino a vernos, me miró y vio que la cosa iba bastante lenta. Nos dijo que se iba a cenar y luego volvía. Al paso que iba, sería de madrugada, pero sí. Durante la noche estuvo pendiente y vino a terminar la faena. Un profesional como la copa de un pino.

Llegó el cambio de turno de las comadronas y esta vez también nos tocó una chica majísima, también del norte, Itxaso, y que nos trató de maravilla. Dilaté hasta 6 centímetros. Pero pasaban las horas y la cosa no avanzaba, me hizo empujar para ver si llegaba a la cabeza del bebé y lo podía girar. Nuestro niño venía de cara y estaba muy alto. Me vació la vejiga 2 veces para facilitarle el camino, pero ni así.

¿Cesárea? ¿Por qué?

Le oíamos hablar con nuestro ginecólogo por teléfono y cada vez se iba poniendo más seria. “Si seguimos así habrá que…” ¿Qué? ¿Cesárea? ¡NO! Era lo único a lo que yo no quería llegar. Me daba miedo, pánico, no quería tener una cicatriz, no quería una operación. Pero llegados a ese punto era lo único que podíamos hacer. Lloré como una magdalena, muchísimo. Mientras mi pareja intentaba tranquilizarme. No paraba de decir: ¡no quiero! ¡Cesárea no!

Se me empezó a ir el efecto de la epidural y ante el pánico de la noticia de la cesárea y de que se les olvidara ponerme más y sentir dolor, avisamos al anestesista. Me pusieron más, se me durmieron las piernas, no podía moverlas. ¡Se había pasado de dosis! Mi ginecólogo apareció a las 23h. Miró cómo estaba el tema, me vio la cara de preocupación e intentó una cosa más, empujar al bebé poniéndose encima mío. Intentó girarlo, bajarlo… no había manera.

Estuvimos un buen rato intentándolo y cuando ya pasaron las 00h de la noche me dijo: ¡Mira, va a nacer el 4, como tú querías! Se fueron a preparar el quirófano y a preguntar al anestesista (que es quien decide) si mi pareja podía acompañarme. ¡Me muero si me dejáis sola! Tenía mucho miedo.

A quirófano

Primero entré yo sola y mi pareja tuvo que esperar fuera un rato. ¿Y sabéis quién apareció? ¡El ginecólogo de urgencias! Le dije a mi Doctor: “éste es el que me mandó para casa, ¿le has echado la bronca?” Me contestó que algo habían hablado sí, sin dar mucho detalle.

Todo el equipo me trató genial y me intentaron tranquilizar frente a mi pánico: el anestesista, el enfermero que después me acompañaría en reanimación, la comadrona, todos los que estaban allí. Me pusieron la sábana y sacaron al bebé, eran las 00:45h del viernes, 4 de noviembre de 2016, costó un poco y el pequé tardó unos segunditos romper a llorar. ¡No lo oigo! Mi pareja se levantó y fue a verlo mientras la comadrona lo limpiaba, pesaba y lo vestía.

El gran momento

Cuando me lo acercaron y lo pusieron encima de mi, ¡qué momento! Nunca lo olvidaré. Venía sollozando, le dije “Hola, mi amor”, abrió los ojos y se calló. Fue precioso, aunque duró demasiado poco. En ese mismo instante le dije a mi chico “Haz eso, eh, por fa”. Me refería al piel con piel. Nos habían dicho que ellos dos subían a la habitación mientras a mi me llevaban a la sala de reanimación. No podría disfrutar de esos primeros momentos de mi bebé. ¿Y si tenía hambre?

Estuve algo más de hora y media en reanimación. Tenía mucho frío, me pusieron una manta eléctrica y medicación para aguantar el dolor cuando la anestesia dejara de hacer efecto. Me dormía, era más de la 1 de la madrugada y estaba hecha polvo, pero sólo pensaba en mis dos chicos, en cómo estarían y en que tenía unas ganas inmensas de ver a mi pequeño. Pregunté un par de veces cuánto quedaba para poder salir de allí. “Un ratito más” me decía el enfermero.

Cuando me llevaron a la habitación, allí estaban los dos hombres de mi vida, abrazados. El peque se había dormido con el dedo del papá metido en la boca, porque se puso a llorar y fue la única manera de calmarlo. Cogí al peque, lo puse al pecho y nos abrazamos los tres. Fue el momento más emocionante de nuestra vida, tanto amor concentrado en un instante…

¿Cómo fueron vuestros partos? ¿Verdad que es maravilloso cuando ves a tu bebé por primera vez? ¿Pudisteis hacer piel con piel? ¡Contadme!

Aitziber Minguez

Periodista digital especializada en Moda y Tendencias. Márketing Online. Y ahora también mamá.

5 Comments

  1. Que bonito. Me he emocionado al leerte pq tu parto tiene un aire al mío. Muy parecido en muchas cosas. Yo tb estuve a un paso de la cesárea y tampoco quería. En mi caso porque yo quería hacer en piel con piel con mi bebe si o si. Pero bueno, cuando las cosas salen así no se puede hacer nada, claro. El mío acabo el fórceps. Pero fue genial todo y firmaba por tener otro igual, jaja.

    • Yo había leído muchísimo y sabía que si acababa en cesárea nos separarían, aunque he leído de casos en los que no se han llevado al bebé, supongo que dependerá del hospital… Igualmente, en nuestro caso papi pudo hacer el piel con piel al principio y yo lo hice después y no ha afectado en nada creo!

      • Si, en muchos hospitales tienen unidad de maternidad y no hay problema. En mi caso no había por eso mi pena. En mi caso no hay papá pero lo hubiera hecho con mi padre. Claro que no afecta! Lo importante es el calor y amor que le dio tu pareja!

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