Lactancia materna, así ha sido mi experiencia

Lactancia materna, así ha sido mi experiencia
En primer lugar quiero dejar claro que no soy ninguna experta en lactancia materna y en este post sólo voy a plasmar mi experiencia con la lactancia.

Desde que estaba embarazada tenía claro que quería dar el pecho, aunque también tenía claro que quería un parto “normal” y acabó en una cesárea por sorpresa. Como en el parto, también podía complicarse y tener que optar por la vía del biberón, pero no fue así. Aunque tampoco ha sido fácil.

En el tercer trimestre de embarazo me salieron grietas en los pezones que me dolían muchísimo al roce con el sujetador y el ginecólogo me recomendó Purelan. La estuve usando durante el embarazo y me fue genial, aunque es muy grasa y no me gustaba mucho porque manchaba todo lo que me ponía. Mi estrecha relación con el Purelan acabó ahí. Más adelante os cuento por qué.

¿Tarda más en subir?

Cuando en el parto me separaron de mi bebé después de la cesárea, me entró mucho miedo ya que, al no poder hacer ese primer contacto piel con piel y ofrecerle el pecho desde el principio, pensaba que sería mucho más complicado. Además, había leído que en una cesárea tarda más en subir la leche. No es verdad. Podéis buscar información y veréis que todo el proceso se desencadena en cuanto la placenta sale del cuerpo de la mujer. Por lo que no importa si tu parto ha sido vaginal o por cesárea.

Por la mañana vino una enfermera a mirar cómo iba el agarre y a estrujarme los pezones para ver si había calostro. Y había, así que todo indicaba que la lactancia podía seguir su curso. ¿Qué pasaba? Que mi niño buscaba comer con mucha ansiedad, no se agarraba bien, lloraba por eso y me destrozaba el pecho. Además, de esa misma ansiedad, no paraba de darme patadas en la herida de la cesárea y el inicio fue bastante atropellado.

El sábado vino la primera matrona que nos asistió el parto (tocó cambio de turno como os conté) para ver cómo estábamos y comentar la jugada del parto, se sorprendió de que acabara en cesárea con lo bien que íbamos. En cuanto a la lactancia, le enseñé la herida que me había hecho el peque, tenía en el pezón derecho como un coágulo de sangre y me dolía horrores. Me dijo que era normal, me miró el pecho, el agarre del bebé… y nos felicitó. Fue muy amable con nosotros.

Como os contaba, mi relación con el Purelan fue buena al principio. El segundo día en el hospital ya veía las estrellas cuando mi bebé mamaba del pecho derecho, el del coágulo, así que me puse Purelan para aliviar el dolor. Pone que es totalmente compatible con la lactancia, sin embargo, antes de poner al bebé al pecho, me limpié, por si acaso. Pero mi bebé rechazó ese pecho y ahí decidimos que nunca más me lo pondría.

La subida

Me indujeron un jueves noche, nació la madrugada del viernes y pasamos en el hospital ingresados hasta el lunes por la cesárea. Ese día fue el de la subida de la leche. No pude ni ponerme el sujetador de cómo estaba aquello. Se me puso el pecho durísimo, enorme y era muy doloroso. Tanto que durante los primeros días en casa busqué información en Internet para ver cómo podía vaciármelas y aliviar un poco el dolor. Poniendo al bebé al pecho sí, pero el pobre estaba empachado y esos primeros días duermen muchas horas. No era suficiente para aliviarme.

No tenía sacaleches, por lo que tendría que hacerlo al método tradicional. Aplicando calor con paños húmedos o en la misma ducha, con el calor, salía sola y conseguí que se aliviara algo, pero dolía. Al final, de ir poniendo al peque al pecho, se estabilizó y la producción se fue adaptando a sus necesidades.

Mi experiencia con la lactancia materna

¿La lactancia materna duele?

A mi me dolió. Leeréis y os dirán que “si duele es que algo no estás haciendo bien” y no es del todo cierto.

Durante el primer mes y pico de vida de mi bebé y de lactancia, no había día en que no pensara en abandonar, en dejarlo y darle el biberón. Yo he sido una “niña biberón” y estoy bien, como dice mi madre. Pero mi insistencia y, por qué no, mi cabezonería, me empujaron a intentarlo todo antes de tirar la toalla. Buscaba por Internet: pezoneras, sacaleches, remedios para que no duela… nada me convencía.

Al mes de tener al bebé acudimos al pediatra para la primera revisión en el ambulatorio del barrio. La primera se la hicimos en el hospital privado donde di a luz y entre el postparto, del que ya os hablaré, y todo el papeleo que había que hacer para que lo dieran de alta en el ambulatorio, la cosa se retrasó un poco. En fin, a lo que iba. En esa primera revisión le pregunté a la enfermera si había algún grupo de apoyo a la lactancia (de tanto buscar en Internet ya me conocía la terminología). Me dijo que se reunían cada jueves a las 12h en el centro cívico y allá que fui, para que me ayudaran a corregir postura o a hacer algo para que no me doliera tanto.

Ese día todos los bebés iban vestidos de Papá Noel para hacer fotos navideñas aprovechando la proximidad de las fechas y las enfermeras estaban ocupadas, pero al verme nueva, una de ellas se acercó y estuvimos hablando. Le expuse mis dudas y preocupaciones y pusimos al peque al pecho para que viera cómo lo hacíamos. ¡El agarre estaba bien! Y lo comprobamos en el pecho al que había cogido manía (por el Purelan y la postura). Me animó a seguir, a no dejarlo y, aunque viera las estrellas cada vez que el bebé se cogía por el calambrazo que me daba, lo intenté con todas mis fuerzas. Resistí ese dolor inicial, ya que cuando comía no me dolía, era sólo al engancharse y conseguimos superarlo. Ahora tiene 5 meses y aún seguimos con la lactancia materna.

Dar el pecho es muy esclavo

Lo oirás también. Te lo dirán antes de que nazca, justo cuando haya nacido y estés en ese inicio complicado (o no), cuando lleves un mes y hayas superado esa primera mala fase, cuando tenga 6 meses y empecéis con la alimentación complementaria, cuando tenga un año… ¡Siempre! Ya sabéis que los opinólogos no descansan y están en todas partes.

Dar el pecho es esclavo al principio, sí. Cuando el bebé nace siempre quiere teta y te puedes tirar horas con él al pecho. Los bebés hacen la digestión de la leche materna en sólo media hora, mientras que la del biberón tarda más. Por eso puede parecer que acabas de darle pecho y vuelve a querer. Pero es que el pecho, la teta, no es sólo la vía que tiene nuestro bebé para alimentarse, en ella busca consuelo, tranquilidad, amor de mami… y muchas veces ni siquiera están comiendo cuando los tenemos enganchados, o se quedan dormidos y nos quedamos quietas por miedo a despertarlos. No es fácil, pero es tan bonito… Ese vínculo que se crea entre los dos, ese momento en el que os miráis a los ojos, es precioso y no lo cambio por nada.

Sigue, insiste, busca ayuda

Si os pasa como a mí al principio, os animo a que no tiréis la toalla a la primera de cambio, que intentéis aguantar. Pero sobre todo, que pidáis ayuda. Acudid a un grupo de apoyo a la lactancia, a una amiga que ya ha sido madre y ha dado el pecho, a vuestra madre si os lo dio, a la matrona, la pediatra, ginecóloga, enfermeras… Primero agotad las opciones, para pasar al biberón siempre hay tiempo.

¿Cómo fue vuestra experiencia con la lactancia? ¿Fue tan fácil como lo pintan? ¡Contadme!

Aitziber Minguez

Periodista digital especializada en Moda y Tendencias. Márketing Online. Y ahora también mamá.